Si existen varios tipos de blefaritis, en función de cuál es el origen, a qué glándula o tejido afecta más y los síntomas que provoca.
Los más habituales son los tres siguientes.
El tratamiento de la blefaritis depende del tipo, de la severidad y de la cronicidad de la misma, por ello se utilizan varios escalones terapéuticos.
El primer escalón y base de todos los tratamientos son las medidas higiénicas y ambientales. Al ser en la mayoría de los casos un problema crónico y sin solución definitiva, estas medidas deben mantenerse en el tiempo. La primera y más importante es la higiene palpebral, de las base del párpado y pestañas, para extraer diariamente el exceso de grasa y las descamaciones, idealmente dos veces al día, para ello existen múltiples ayudas en la farmacia como pueden ser jabones específicos, espumas, toallitas, etc. En el caso de la blefaritis posterior es beneficioso aplicar calor seco previamente para diluir la grasa de las glándulas y que esta salga mejor. En este primer escalón terapéutico se utilizan mucho las lágrimas artificiales para mejorar la sintomatología de la propia blefaritis y para el tratamiento del ojo seco secundario. Existe hoy en día gran variedad de lágrimas artificiales disponibles y muchas de ellas diseñadas específicamente para la blefaritis, en el caso de la blefaritis posterior y el ojo seco evaporativo es mejor utilizar una lágrima con componente lipídico.
En el caso de que con las medidas básicas no sea suficiente para mejorar los síntomas es necesario el uso de tratamientos más potentes o específicos, que dependerán del tipo de blefaritis, la evolución de la misma o la afectación de los párpados y de los ojos, como son los antibióticos, tanto tópicos como orales, corticoides tópicos, inmunosupresores tópicos, tratamientos quirúrgicos en caso de chalazion o aplicación de tecnología de luz pulsada (IPL) para mejorar la función de las glándulas de meibomio.